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Concierto en La Granja

Concierto en La Granja

Rosario Flores y Antonio Carmona ofrecieron en el Festival de Música y Danza del Real Sitio un concierto de relevos que empezó sereno y concluyó en todo lo alto.

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Dos conciertos pegados y unos bises corridos en conjunto. Así se configura la gira ‘Parte de nosotros’ que Antonio Carmona y Rosario Flores, contiguos más que juntos, han iniciado en La Granja. La aparición de sus nombres en un mismo cartel hacía presagiar, con todas las distancias posibles, un recital repleto de canciones a dúo, intercambio de muestrarios y homenajes recíprocos, como ya tuvimos la oportunidad de ver cuando se presentaron juntos Sabina y Serrat o en la concurrencia de Estrella Morente y Dulce Pontes que también se disfrutó en el Real Sitio de San Ildefonso.
No fue así. Primero se sirvió un concierto de Antonio Carmona en solitario; inmediatamente otro de la Flores, y solo al final compartieron micrófonos, banda y escenario para justificar la reunión, que seguramente tendrá más raíz sentimental que artística, más fundamentos familiares que creativos.
El ex de Ketama se esforzó en la presentación de algunos de los temas con los que ha urdido su primer trabajo discográfico en solitario. ‘Se amarra el pelo’, el más conocido ‘Para que tú no llores’ o el que da título al disco, ‘Vengo venenoso’, en cuya interpretación se volcó especialmente.
El público, que otra vez llenó el recinto del patio de la Real Fábrica de Cristales, respondió con simpatía y agradeció el recuerdo a algunos de los viejos éxitos del grupo, como ‘No estamos locos»‘ o ‘Vente pa Madrid’, pero lo cierto es que junto a la intervención puntual de José el Francés, que fue literalmente arrancado del patio de butacas, lo que más se aplaudió fue el anuncio del relevo, el inicio del bloque protagonizado por Rosario Flores. A los quince minutos de actuación de la pequeña del clan, casi nadie se acordaba ya de lo que había ocurrido antes.
Torbellino Flores
Rosario es un torbellino sobre las tablas y tiene una capacidad para encender la empatía en los espectadores que va más allá de la honestidad que ofreció su compañero de gira. Se notaron demasiadas diferencias en amplitud y popularidad entre ambos repertorios, en la puesta en escena y en la condición artística.
La entrada de Rosario, vestida de negro y de corto, con botas de caña alta también negras y una boa blanca, cambió el ritmo de la noche y empezó haciéndolo con un tema de lo más singular en la historia de la música española reciente: ‘Cómo me la maravillaría yo’, de su madre Lola Flores, un rap embrionario y flamenco que a la heredera le va como anillo al dedo.
La cantante metió en su maleta un abanico de temas de lo más lucido. Entre algunas de las versiones que contiene su último disco y algunos de sus antiguos ‘hits’, ni las caderas ni las gargantas de los aficionados tuvieron descanso, que es de lo que se trata en estas citas.
‘Te quiero, te quiero’, de Nino Bravo; el bolero ‘Algo contigo’, o ‘Por tu ausencia’. de Manzanita, fueron coreados como oraciones rituales, y bailados todo lo que frenéticamente permiten las filas de asientos los ritmos con firma propia, como aquel ‘Qué bonito’ o ‘Estoy aquí’. El éxtasis llegó con la interpretación de ‘No dudaría’, de su hermano Antonio Flores, que empapó el patio de la Real Fábrica de Cristales con una lluvia de nostalgia, reivindicación y homenaje.
Después de cubrir sus respectivos turnos, en los bises, Carmona y Flores sí dieron cuerpo al encuentro, uniendo sus voces para retratar ‘El sitio de mi recreo’ de Antonio Vega. Tras la emoción, otra vez el ritmo, con una sucesión sin interrupciones de ‘Una casa en el aire’ y ‘Marcha’.
Finalizado el recital, las comparaciones fueron tan odiosas como comunes. La raza de Rosario Flores, nacida para estar sobre un escenario, engulló las ganas de Antonio Carmona.

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