Rosario, arte en las venas. Crónica EL MUNDO.

Dos veces se agachó para besar el suelo de esa Sevilla que fue su hogar durante unos años de su infancia y a la que anoche volvió tras cuatro años de ausencia sobre los escenarios de la capital hispalense. No paró de dar las gracias a un público que, aunque se quedó en la media entrada, vibró en el auditorio de Fibes como si del espacio de un amplio estadio se tratara.

Rosario Flores lo dio todo desde el comienzo de su actuación; una hora y media exacta que supo a poco a quienes la llevaban esperando todo este tiempo y que gustó y sorprendió a aquellos que por primera vez se habían decidido acompañarla en su regreso.

Muy pronto levantó a los asistentes cuando comenzaba a sonar ‘Al son del tambor’, tema que presentó mirando al Cielo para llamar a su padre, el Pescaílla, para cantar con ella. Dejó salir toda su energía, recorriendo sin parar el escenario, moviéndose con gestos flamencos que arrancaban olés del patio de butacas y piropos; “¡Eres una monstrua!”, le gritaron.

De voz bien, en su línea, incluso con algunos dejes y notas que recordaban tanto a su madre, la gran Lola Flores, por ejemplo en ‘Cómo quieres que te quiera’, que cantó con la ayuda de sus seguidores que intentaban acercarse al escenario consiguiéndolo a menudo, haciendo trabajar más al equipo de Fibes, que insistía una y otra vez en que cada cual regresase a su lugar.

Pero Rosario les llamaba para bailar ‘Tu libertad’, y con sus gestos los hacía vibrar más, siguiendo su fuerza arrolladora, la que lleva en la sangre desde que siendo muy niña ya se veía venir que ahí había una artista. Por entonces ya lo avisaba la Faraona: había heredado el arte de la familia.

La pequeña de los Flores fue combinando canciones de su último disco de estudio, ‘Rosario’ (2013), con algunos de sus más conocidos éxitos, incluyendo versiones de otros artistas, como aquel ‘Te quiero, te quiero’ de Augusto Algueró que Nino Bravo llevó a lo más alto, y que la artista incluía en su álbum ‘Parte de mí’ (2008).

Hubo tiempo para recordar uno de sus más recientes trabajos en televisión; sonaban los acordes de ‘Qué bonito’ cuando para su interpretación quiso estar acompañada de dos de los niños de su equipo en ‘La Voz Kids’: Nacho y la sevillana Julia, muy contenta por ser la primera vez que cantaba con su ‘coach’.

Rosario se mostraba feliz, no paró de dar las gracias a Sevilla, “por hacerme grande y por esta noche tan bonita”, lanzó besos, se agachó a dar la mano a quienes ocupaban las primeras filas, habló con ellos, recogió una flor que le regalaron…

Y de nuevo volvió a recordar a alguien muy importante de su familia, a su hermano Antonio, “un poeta maravilloso y super sensible, que odiaba las guerras y las injusticias”, y que por ello, cuando se iba a la Mili, con tan sólo 19 años, escribió ese ‘No dudaría’ que su hermana sigue cantando a modo de himno “por un mundo mejor”.

Su abuela también estuvo presente a través de unos animados y muy flamencos tangos, que Rosario cantó e interpretó sin parar de moverse, con su melena suelta y vestida con un corpiño de encaje blanco y una minifalda muy mini que se compensaba con unas botas de caña alta.

No faltó el son de la tierra andaluza ni tampoco una pincelada de blues, poco antes de que llegaran los bises, para los que dejó un bien conocido ‘Sabor Sabor’ y la traca final con toda la marcha de ‘Muchas flores’, para despedirse prometiendo volver pronto y pidiendo a Dios “que me dé juventud durante muchos años, porque yo quiero seguir cantando y bailando”.

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